noviembre 27, 2022

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Un domingo en la tarde: ¡a caminar por Cap Cana!

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Como cualquier hijo de vecino que en un fin de semana le apetece pasear o conocer Cap Cana, un complejo donde el mar y edificios de muy diversos estilos arquitectónicos atrapa a turistas y a extranjeros y nativos que tienen aquí una residencia, voy con Alexis hasta su caseta de entrada a averiguar los requisitos para visitarlo.

Ambos hemos estado antes, pero invitados por alguien. El vigilante nos refiere al Centro de Información para Visitantes. ‘Allá le explicarán’. Damos la vuelta en U para dirigirnos al lugar. Alexis se desmonta. Yo me quedo en el auto. Al rato regresa a buscar mi cédula. Tras cierto tiempo vuelve con el pase. ‘Había gente antes que yo, tuve que esperar’. Y me explica la tramitación: se requiere permiso de alguien que resida o tenga aquí un negocio.

Quien no conoce a persona alguna puede solicitar autorización a través de un local comercial al que vaya. En algún caso de restaurante se adelanta, con tarjeta de crédito, 30 dólares por persona para consumo. Otros lo autorizan sin exigir abono alguno. Antes de recibir el permiso se envía copia de cada cédula.

Tras la caseta hay dos autopistas. Enfilamos por la que sigue hacia la Marina Norte. Parqueamos en su estacionamiento para visitantes. A pie cruzamos el espacio entre edificios que conduce hacia el área junto al mar: la Plaza Marina, en torno a la cual varios negocios conforman un armonioso paisaje urbano en el Boulevard Fishing Lodge.

Entre los comercios resalta el restaurante Aura, de cocina mediterránea. Pretendemos visitarlo al final de nuestro recorrido. Al deambular por una calle cercana tropezamos con lo que parece un templo. ‘Mira, una iglesia’, avisa Alexis, pero de inmediato reacciona. ¡Es un restaurante!

Proseguimos por el sector. Desde un banco, cuyas patas son grandes esferas, contemplamos bajo un cielo encapotado las aguas azules. Es que Cap Cana se extiende entre varios cabos y en su litoral está incluso una playa famosa: Juanillo.

Al recordar que este enorme complejo turístico y residencial tiene una cascada artificial y establos regresamos al auto para averiguar, con una atenta empleada en la caseta de entrada, cuál ruta seguir. Es la autopista de la derecha. En el trayecto vemos a la izquierda el letrero de Marina Sur. Hacia ella nos desviamos. En lo alto, las blancas nubes se han tornado plomizas mientras vemos varios yates anclados a uno y otro lado y andamos junto a canales que, aunque estrechos, hacen pensar en Venecia.

Cascadas

Desde la Marina Sur, luego de transitar entre ajardinados y bien cuidados espacios y áreas aisladas con casas en construcción, llegamos a los establos. Solo veo tres caballos. A unos metros, la pequeña y linda cascada artificial, una tienda, un restaurante y viviendas.      



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