noviembre 26, 2022

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Los números, “esencia del mundo en armonía”

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El filósofo griego Pitágoras dejó escrita la conocida frase: “Todo es número”, para quien el número representa la esencia del mundo en armonía y unidad, una filosofía que fue profundizada por Platón. Para Pitágoras, comprender el mundo significaba concebir la armonía en términos de números, y daba a entender que todo el Universo, desde la música hasta el movimiento de los planetas, se podía explicar con ellos.

Contar, medir y comprender la naturaleza.

Los matemáticos consideran que los números tienen dos aplicaciones fundamentales, la primera de ellas es práctica, porque sirven para contar y medir, y la otra es empleada por los investigadores en su labor de comprender los misterios de la naturaleza y de la vida, y con ellos deducir los movimientos que, como decía Pitágoras, representan la esencia del mundo.

El origen de los números y su concepto se remonta a los tiempos prehistóricos, cuando el ser humano observó la relación existente entre las fases lunares y los ciclos de crecimiento de los seres vivos, con cuyos periodos sincronizados comenzó tímidamente a hacer su aparición un lenguaje de signos que facilitaba la descripción para seguir los fenómenos naturales.

Este lenguaje se hizo más complejo al aumentar las necesidades y hacerse imprescindible establecer algún tipo de registro, con lo que se comenzó a desarrollar el sentido del número y su capacidad para ordenar todo lo que al ser humano le rodeaba.

A partir del 4, nos tienen que enseñar.

Como dice la escritora, filósofa y fotógrafa canadiense Priya Hemenway, en su célebre libro “El Código Secreto”, “los primeros números resultaban fáciles de expresar, pero había que añadirle una capacidad específica para contar.  Un ser humano adulto es capaz de contar del uno al cuatro sin necesitar ningún tipo de aprendizaje, pero investigaciones realizadas tanto en animales como en seres humanos han demostrado que más allá de este número nos tienen que enseñar”.

Los matemáticos explican que es aquí donde empieza un proceso en dos etapas. Primero desarrollamos un sistema de recuento y la facultad de manipular los números en este sistema, pero hay que memorizar y, además, comunicar la información deducida de estas operaciones; se desarrolla entonces un modo de designar lingüísticamente los objetos individuales.

Y una vez que se ha establecido y aprendido un sistema, al mismo tiempo que hemos nombrado y aprendido los objetos, ideamos un método para escribir los números, lo que nos facilita en gran parte su manipulación.

Lenguas en las que no existen palabras que designen números.

Sin embargo, incluso aunque no existieran palabras ni los conceptos abstractos de los números, con el tiempo se han ido ideando toda clase de técnicas eficaces para facilitar el recuento.  Son muchas las poblaciones en América, Asia y África en las que su lengua apenas tienen palabras que designen números, así que en la administración de sus asuntos utilizan métodos simples y rudimentarios para enumerar.

Aún hoy en día se puede ver en algunas zonas geográficas cómo algunos pueblos graban muescas en huesos o varas, dibujan líneas, montan pilas de guijarros o conchas, o hasta marcan en partes de su cuerpo, como los dedos de las manos y pies, codos, ojos o nariz para registrar lo que necesitan.

Entre los dispositivos más antiguos que se han descubierto para registrar cálculos, se hallan unas tablillas descubiertas hacia el año 3.200 a. C, en el territorio actual de Irán e Irak, donde se grababan signos atribuidos a valores numéricos en arcilla no cocida.

Las tablillas halladas en Irán se basaban en un sistema de recuento de base diez, mientras que en la vecina Irak utilizaban la base sesenta. Hoy en día seguimos utilizando ambos sistemas, el de base 10 en nuestro sistema decimal con el que contamos los objetos por decenas, y la base 60 para registrar el tiempo en minutos y medir los grados de un círculo.   

 

El “sentido del número” de los animales.

Investigadores especialistas en comportamiento animal han demostrado a través de sus experimentos que ciertos animales poseen la capacidad de percibir cantidades. A esta facultad se la denomina “sentido del número” y es la que permite a un animal distinguir la diferencia de tamaño entre dos pequeños grupos de objetos similares o detectar que un grupo no es el mismo después de haber retirado de él varios objetos.

Debido al “sentido del número” se ha observado que, tanto en animales domésticos como salvajes, las madres se dan cuenta si falta alguna de sus crías en el grupo.

Otra de las curiosidades que se ha descubierto es que es posible entrenar a aves para que sean capaces de determinar, mediante movimientos, el número de semillas que hay en diferentes filas hasta la cifra de cinco.

Priya Hemenway estudió en Montreal, Canadá, griego clásico y matemáticas, tras lo que inició su marcha a través de la India por un periodo de 20 años, en los que aprendió de religiones ancestrales como el budismo, hinduismo, sufismo o cristianismo antiguo. Entre su extensa obra, “El Código Secreto. La misteriosa fórmula que rige el arte, la naturaleza y la ciencia”, es el que ha merecido mayor reconocimiento internacional. 





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