agosto 18, 2022

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ÁNIMO EN DOS MINUTOS – Amor gratis

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¿Ha oído usted a un hombre sollozando por teléfono? Es impresionante. A través de su llanto, tenía una sola pregunta: “¿Qué hago, Luis?”.

Su hijo mayor se había ido de la casa, diciendo que él no era ya un niño para que estuvieran “controlando todos sus actos”.

A pesar de que no podían tolerar el comportamiento inadecuado del joven, L.N. y su esposa estaban llorando su partida. “¿Qué hago, Luis?” me repetía.

Me vino a la mente la parábola del hijo pródigo. Aquel hijo había hecho algo parecido. Había abandonado a su papá y a su hermano para vivir su vida como le diera la gana. Para derrochar (es lo que significa “pródigo”) libremente, sin control, sin vigilancia, sin normas que cumplir.

Aquel hijo un día sintió necesidad, recapacitó y volvió. ¿Podría el hijo de L.N. hacer lo mismo? ¿Qué haría falta?

L.N. conocía esta parábola, así que pude hacer referencia a ella y le pregunté:

-“¿Tú crees que, a pesar de haberse ido de su casa, el hijo de la parábola sabía que su papá lo seguía amando?”

-“Sí”, me dijo. “Creo que sí, porque, si no, él no se hubiera atrevido a volver…”

-“Pues lo único que me atrevo a sugerirte”, le contesté, “es que hables con tu hijo y le aclares que, si bien rechazas lo que él hace, no lo rechazas a él, que lo quieres con todo el corazón y que lloras por su ausencia…”

La próxima vez que L.N. me llamó estaba emocionadísimo. Con una enorme alegría.

-“¡Mi hijo volvió! ¡Aquí estamos todos abrazados! ¡Bendito sea Dios!”. Estas fueron sus expresiones en esa ocasión.

Es notable la actualidad de la palabra de Dios para solucionar un conflicto familiar que se resolvió con el amor. Esto curó las heridas.

Un amor como el de Dios, que no es posesión, sino donación, es un regalo.

Un amor que no exige respuesta, ni siquiera agradecimiento, y por eso no es capaz de decepcionarse ni desencantarse…

El hijo se deja abrazar por su padre, y ahí mismo queda totalmente restablecido. La Cuaresma sirve para dejarnos abrazar por Dios.

 

La pregunta de hoy

¿No hay que ganarse ni merecerse el amor de Dios?

El amor de Dios no es un pago, es un regalo. Él no exige condiciones para amarlo. Lo ama porque usted es su hijo, y punto. Amor incondicional, y gratis, no exige compensación.

Este es el Dios–amor revelado por su único hijo Jesucristo. A Él podemos abrirle el corazón para permitirle que nos sane  y regale una vida mejor…, diferente…, nueva.

El asunto es dejarme amar por Él. Es dejarme encontrar por Él.  No es abrazarlo, es dejarme abrazar. Dios es un papá bueno.

(A mis amadas hermanas Dominga, Arelis y Consuelo).





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